Cuando una empresa elige un sistema de gestión empresarial, compara funciones, pantallas y precios. Es comprensible, pero con ello se decide solo una pequeña parte del resultado. Según nuestra experiencia, el software en sí representa entre el 10 y el 15 % del éxito. El resto es la capacidad, los conocimientos, la experiencia y la empatía de las personas que lo ponen en producción.
Quién implanta el sistema en nuestro caso
Nuestro equipo de implantación está formado por implantadores y analistas sénior. No son expertos en funciones ni en programación, para eso tenemos otro equipo. Son expertos en implantación y en el trabajo con personas sobre el terreno: en el almacén, en la línea de producción, en la recepción, en el despacho del director. Han pasado por muchas plantas y muchos cambios, y saben cuál es la diferencia entre un sistema que la empresa utiliza y uno que solo ha comprado.
Primero escuchar, después fijar objetivos
Lo más importante al principio es escuchar al cliente y entender sus necesidades. No los requisitos de funciones, sino las necesidades: qué debe lograr la empresa, qué la frena, dónde pierde tiempo y dinero.
A partir de ahí fijamos juntos los objetivos finales. Lo hacemos al principio y por escrito, porque el camino hacia ellos puede ser completamente distinto de lo que usted imagina y puede implicar cambios para los que no está preparado. Los objetivos son aquello por lo que nos paga y lo que debemos llevar hasta el final.
Cada persona en la empresa ve algo distinto
Durante el análisis hablamos con personas desde la línea de producción hasta la alta dirección. Cada una tiene una visión algo distinta del asunto y requisitos distintos: el operario quiere menos clics, el jefe de turno una visión exacta, el director financiero cifras que cuadren, el propietario un avance de la empresa.
Nuestra tarea es entender todos estos requisitos a la vez. Para que el sistema tenga sentido, debe funcionar como un todo. Por eso no merece la pena implantarlo por partes: si queremos cumplir objetivos ambiciosos, aportar valor y hacer avanzar a la empresa, no basta con activar uno o dos módulos. Los módulos y su significado están estrechamente relacionados. Un almacén sin producción, un control de asistencia sin control de accesos o un CRM sin pedidos resuelven un área concreta, pero no cambian la empresa.
El cambio a veces afecta a los departamentos, no solo al software
Al final puede resultar que el cliente tenga que cambiar departamentos enteros o reorganizarlos para alcanzar los objetivos que hemos fijado juntos. Algunos de ustedes sienten que necesitan este cambio y, al mismo tiempo, son conscientes del riesgo.
Un caso frecuente: en algunas áreas tiene personas que parecen insustituibles. A veces esa condición de insustituible es resultado de muchos años de trabajo y de conocimientos que solo una persona tiene en la cabeza. Lo entendemos, y precisamente por eso el sistema no consta solo de algoritmos y software. Tiene también capas de conocimiento y formación, a través de Edunetto y de la documentación de procesos, que ayudan a trasladar el conocimiento de las personas al sistema para que el funcionamiento de la fábrica no dependa de unas pocas personas.
Por qué el análisis es completo y detallado
El análisis y el diagnóstico de la empresa los hacemos en profundidad. Cosas que usted considera desde hace tiempo algo natural pueden resultarnos alarmantes. Nuestra obligación es advertirle tanto de los puntos débiles como de los fuertes. A veces no resulta agradable de oír. Pero, como escribimos al principio: tenemos objetivos que hay que llevar hasta el final, y por eso nos paga.
Cómo es en la práctica
Para las empresas medianas y grandes, la implantación se hace llave en mano: conversación inicial, análisis de toda la empresa en sus instalaciones, propuesta del estado objetivo a precio cerrado, configuración, integraciones y migración, formación a través de Edunetto y entrega con la posterior operación. El procedimiento completo y la duración orientativa de cada paso los encontrará en la sección Enterprise.
El software puede verlo en una hora. Al equipo que lo implanta lo conocerá en la primera conversación. Ambas cosas son importantes, pero en una proporción distinta de la que suele suponerse.